Bienvenido a una nueva entrada de este manual. Para consultar las anteriores, pincha en los siguientes enlaces:

– Manual imprescindible para convertirte en autor (parte I).

– Manual imprescindible para convertirte en autor (parte II).

– Manual imprescindible para convertirte en autor (parte III).

 

Hablamos de la estructura narrativa

Vale, me vas a decir que eres un pantser pata negra y que lo tuyo es sentarte a escribir. Como hemos visto es una opción tan buena o mala como la de ser un plotter.

Sin embargo, ya sabes que nosotros abrazamos un modelo intermedio y te recomiendo que, al menos, cuentes con un pequeño mapa que te marque la estructura.

En el último post ya vimos un poco lo que se persigue al hacer un mapa mental. Al fin y al cabo, buscamos dejar plasmada la estructura de nuestra historia para que nos sirva de guía y nos muestre una visión lejana que nos permita poder valorar cada una de las partes por separado.

Ya estuvimos hablando de que hay multitud de historias contadas de mil y una formas, pero si haces un repaso mental sobre la mayoría de las que has leído, te darás cuenta de que siguen un patrón muy reconocible.

Para ver esto, vamos a seguir las indicaciones de alguien que estudió mucho este tema. Os presento a…

Syd Field

Syd Field

Fue un guionista estadounidense. Publicó varios libros sobre la creación de guiones y condujo talleres y seminarios sobre cómo redactar libretos rentables. Los productores de Hollywood han utilizado sus ideas sobre la estructura para potenciales guiones.

Field también enseñó a escribir guiones en el Programa Maestro de Escritura Profesional de la Universidad del Sur de California. Además, participó como guionista y productor en series televisivas como Men in Crisis, Hollywood and the Stars, National Geographics y Jacque Cousteau Specials entre 1963 y 1965 para David L. Wolper Productions.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Syd_Field

El modelo de tres actos

Si ya has hecho el ejercicio de pensar en lo que has leído (e incluso en las películas que has visto), te será fácil clasificar las partes en “inicio”, “nudo” y “desenlace”.

Este modelo está enfocado a conseguir que la historia entretenga al lector mostrando el global de lo que sucede no sólo desde el punto de vista del protagonista, sino también de todo lo que le rodea.

Para que te hagas una idea del tiempo que debemos dedicar a cada parte, dividiremos nuestra historia en cuatro partes, de forma que:

Como ves, el inicio y el fin duran una cuarta parte de la historia cada uno, lo que deja la mitad del tiempo para el nudo. Esto es sólo un marco de referencia, la duración de cada parte dependerá de los sucesos que vayamos contando y de la forma en la que queramos hacerlo.

Otro elemento a tener en cuenta a la hora de plantear nuestro mapa es el conocido como punto argumental. Son momentos en los que sucede algo importante, algo que desemboca en una acción o algo que da un giro y que hace al lector cambiar su previsión sobre lo que va a pasar.

Tradicionalmente, hay dos puntos argumentales. Un en el inicio, cuando sucede algo que empuja al personaje o personajes a hacer lo que sea que hagan en la historia. El otro es en el desenlace, cuando se soluciona el problema o se consigue el objetivo marcado.

Por supuesto, puedes utilizar tantos puntos argumentales como quieras, pero ten cuidado al utilizarlos ya que luego tendrás que cerrarlos correctamente para no dejar a tus lectores con tramas o situaciones colgadas.

Un ejemplo, ¿recuerdas la serie “Lost”? El éxito de la serie era la cantidad de puntos argumentales que abrían incógnitas y nos tenían pegados a la tele a la espera de ver “qué pasará ahora”. Al final había tantas tramas y cosas sin resolver que la respuesta del público ante un final que no explicó todo fue abrumadoramente negativa.

Tener bien claro y anotado todo esto en nuestro mapa será de gran utilidad para no perder el hilo mientras escribes.

Veamos ahora cada una de las partes con detalle.

Parte I: El inicio

Aquí comenzamos a plantear los componentes de nuestra historia. Deberíamos presentar el entorno describiendo el lugar, la fecha,… para que el lector ubique correctamente la historia. También debemos mostrar a los principales personajes e ir introduciendo el problema u objetivo que será el detonante de lo que ocurre, es decir, nuestro primer punto argumental.

Parte II: El nudo

Aquí es donde viene “lo gordo”. La acción, los problemas, los engaños,… la trama principal toma forma y todos los personajes muestran sus cartas a favor o en contra.

Es, por tanto, la parte más complicada y extensa. Tienes que arrancar desde lo presentado en el inicio y dirigir todo hacia la parte final de forma coherente pero dejando espacio para un gran final.

Piensa que conforme te vas acercando al final de esta parte, debes ir mostrando que todo lo que ha sucedido hasta ahora no es nada con lo que le espera al lector en la última parte.

Parte III: El desenlace

Llegamos al final de nuestra historia y nos vemos cara a cara con nuestro segundo punto argumental.

Hasta ahora, nuestros personajes habrán ido superando aventuras o escapando de diferentes problemas, pero llega el momento de enfrentarse al climax, el momento en el que se cierra el círculo iniciado por el primer punto argumental. Es en este momento cuando debemos ofrecer el punto de esfuerzo, dramatismo y de consecuencias necesario y acorde con el resto de la historia.

Piensa una vez más en las historias que conoces y te darás cuenta que aquí es cuando se superan los problemas más importantes, cuando el protagonista consigue a la chica o cuando el bueno acaba de una vez por todas con ese malo remalo que tantos inconvenientes ha creado.

Si todo lo has dirigido hasta aquí de forma coherente, podrás cerrar con éxito tu historia ofreciendo un final predecible o un cambio de última hora que convierte al amigo del bueno en malo o a la amiga de la chica en la chica de verdad.

El final está en tus manos, tira de imaginación y dale a tu lector un gran final que no baje el ritmo del resto de la historia.

Y hablando de ritmo…

Hemos visto las partes en las que puedes dividir lo que vas a ofrecer como escritor, pero no debes perder de vista el ritmo de acción. ¿A qué me refiero?

Sencillo, hablamos de la forma en la que cuentas las cosas. Te habrás fijado que no todo es acción, hay momentos de pausa en los que suceden los hechos que dan forma a la trama. Tendrás que trabajar para compensar esos momentos de forma que el lector no se aburra, pero que tenga tiempo para digerir lo que ha pasado y entender cómo cambia eso el resto de la historia.

Cuando empezamos a escribir nuestras primeras historias, solemos caer un uno de los extremos habituales. O nos pasamos de acción o nos quedamos cortos.

Si llenamos todo de acción, movimiento, pasiones,… caemos en el peligro de aburrir al lector por volver la historia totalmente irreal.

Si, por el contrario, nos dedicamos a contar el día a día de los personajes y ofrecemos un entorno en el que pasa poco o nada, aburriremos por falta de acción.

Como siempre, tiraremos por un punto intermedio y ofreceremos intervalos mezclados de acción y descanso.

Para que lo veas gráficamente, estaríamos hablando de un mapa mental con un aspecto similar a esto:

Si consigues alternar estas fases con diferentes ritmos, tendrás mucho a tu favor para que tus lectores sigan leyendo.

Poco a poco vamos avanzando en la forma en la que tienes que afrontar tu sueño de ser escritor. En el próximo post veremos ejemplos de mapas para que puedas planificar en la medida en lo que necesites.

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